viernes, 12 de junio de 2009

Primeros meses con nuestro tesoro


Desde que llegó a casa Laia siempre fue muy buena y tranquila, no era nada llorona, la dejábamos solita en su minicuna y la sentíamos dar pataditas muy tranquila.
Llevé muy mal que no quisiera mamar, pero hice lo que pude y más y no lo conseguí, pero me siento orgullosa de haberlo intentado y de estar más de 3 meses colgada de un sacaleches.
Pero mi niña crecía sana y fuerte, cada día más simpática y guapa, y nosotros cada vez más enamorados de ella.
Pronto vinieron problemas con su piel que casi prefiero no recordar, eso era un infierno, su pielecita llena de eccemas, su carita llena de arañazos... teníamos que ponerle gorrito para que no se rascara la cabeza, manoplas para evitar el mayor daño posible, hasta para bañarla tuvimos que ponerle guantes. A veces era una auténtica tortura, verla desesperada frotando su carita contra nuestra ropa, o sin poder dormir de los picores que tenía. La llevamos a muchos médicos y dermatólogos, nos gastamos un dineral en cremas y en médicos, todo por nuestra niña, pero al final descubrimos que lo mejor era el paso del tiempo y mucho sol y playa.
Llegó el verano y cambió todo radicalmente, por fin vimos la luz en el túnel en el que estábamos, y de pronto dejó casi de rascarse, dejaron de salirle eccemas y pudimos volver a respirar y a disfrutar de nuestra pequeña.
La verdad es que ahora después de tanto tiempo no quiero ni acordarme de todos esos días tan amargos, que nadie en realidad llegaba a comprender del todo, y si tuviera que volver a pasar por eso creo que no tendría fuerzas... aunque supongo que las sacaríamos de donde fuera
Pero la pobrecita mía a pesar de todo siempre tenía una sonrisa para nosotros, era y es una niña feliz, creo que más amor de sus padres no podría recibir, por eso ella es así, tan feliz y risueña, nuestra niña...

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